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Las Cruzadas: Una historia completa

Durante las √ļltimas cuatro d√©cadas, las Cruzadas se han convertido en uno de los √°mbitos m√°s din√°micos de la investigaci√≥n hist√≥rica, lo que apunta a una creciente curiosidad por comprender e interpretar estos extraordinarios acontecimientos. ¬ŅQu√© convenci√≥ a los habitantes del Occidente cristiano para querer reconquistar Jerusal√©n? ¬ŅQu√© impacto tuvo el √©xito de la Primera Cruzada (1099) en las comunidades musulmanas, cristianas y jud√≠as del Mediterr√°neo oriental? ¬ŅCu√°l fue el efecto de las cruzadas en la poblaci√≥n y las instituciones de Europa occidental? ¬ŅC√≥mo registr√≥ la gente las Cruzadas y, por √ļltimo, cu√°l es su legado?

El debate acad√©mico avanz√≥ significativamente durante la d√©cada de 1980, ya que la discusi√≥n sobre la definici√≥n de una cruzada cobr√≥ verdadero impulso. La comprensi√≥n del alcance de las Cruzadas se ampli√≥ con un nuevo reconocimiento de que las cruzadas se extendieron mucho m√°s all√° de las expediciones originales del siglo XI a Tierra Santa, tanto en t√©rminos de cronolog√≠a como de alcance. Es decir, tuvieron lugar mucho despu√©s del fin del dominio franco en Oriente (1291) y continuaron hasta el siglo XVI. En cuanto a su objetivo, tambi√©n se convocaron cruzadas contra los musulmanes de la pen√≠nsula ib√©rica, los pueblos paganos de la regi√≥n b√°ltica, los mongoles, los opositores pol√≠ticos del papado y los herejes (como los c√°taros o los husitas). La aceptaci√≥n de este marco, as√≠ como la centralidad de la autorizaci√≥n papal para tales expediciones, se conoce generalmente como la posici√≥n ¬ępluralista¬Ľ.

La aparici√≥n de esta interpretaci√≥n dinamiz√≥ el campo existente y tuvo el efecto de atraer a un n√ļmero mucho mayor de estudiosos. Adem√°s, surgi√≥ un creciente inter√©s por reevaluar los motivos de los cruzados, restando importancia a la cuesti√≥n del dinero y dejando de lado el t√≥pico de los hijos menores sin tierra que buscaban aventuras. Gracias a la utilizaci√≥n de una gama de pruebas m√°s amplia que nunca (especialmente las cartas, es decir, las ventas o los pr√©stamos de tierras y/o derechos), se hizo hincapi√© en los impulsos religiosos contempor√°neos como motor dominante, en particular de la Primera Cruzada.

Primera cruzada

La Primera Cruzada fue convocada en noviembre de 1095 por el Papa Urbano II en la ciudad de Clermont, en el centro de Francia. El papa hizo una propuesta: ¬ęQuien por mera devoci√≥n, pero no para ganar honores o dinero, vaya a Jerusal√©n para liberar a la Iglesia de Dios, puede sustituir todo tipo de penitencia por este viaje¬Ľ. Este llamamiento era la combinaci√≥n de una serie de tendencias contempor√°neas junto con la inspiraci√≥n del propio Urbano, que a√Īadi√≥ innovaciones particulares a la mezcla. Durante varias d√©cadas, los cristianos hab√≠an estado presionando a las tierras musulmanas en los l√≠mites de Europa, en la Pen√≠nsula Ib√©rica, por ejemplo, as√≠ como en Sicilia. En algunos casos, la Iglesia se hab√≠a involucrado en estos acontecimientos mediante la oferta de recompensas espirituales limitadas para los participantes.

Urbano era responsable del bienestar espiritual de su reba√Īo y la cruzada presentaba una oportunidad para que los caballeros pecadores de Europa occidental dejaran sus interminables luchas internas y la explotaci√≥n de los d√©biles (tanto laicos como eclesi√°sticos) y repararan sus vidas violentas. Urbano vio la campa√Īa como una oportunidad para que los caballeros dirigieran sus energ√≠as hacia lo que se consideraba un acto espiritualmente meritorio, a saber, la recuperaci√≥n de la ciudad santa de Jerusal√©n del Islam (los musulmanes hab√≠an tomado Jerusal√©n en 637). A cambio de ello, se les perdonar√≠an, en efecto, los pecados que hubieran confesado. Esto, a su vez, los salvar√≠a de la perspectiva de la condenaci√≥n eterna en el fuego del infierno, un destino repetidamente enfatizado por la Iglesia como consecuencia de una vida pecaminosa. Para saber m√°s, v√©ase Marcus Bull, que revela el contexto religioso de la campa√Īa en su art√≠culo de 1997.

En una √©poca de tan intensa religiosidad, la ciudad de Jerusal√©n, como lugar donde Cristo vivi√≥, camin√≥ y muri√≥, ocupaba un lugar central. Cuando el objetivo de liberar Jerusal√©n se uni√≥ a las escabrosas (probablemente exageradas) historias de maltrato tanto de los cristianos nativos de Levante como de los peregrinos occidentales, el deseo de venganza, junto con la oportunidad de progreso espiritual, formaron una combinaci√≥n enormemente potente. Urbano cuidar√≠a de su reba√Īo y tambi√©n mejorar√≠a la condici√≥n espiritual de Europa occidental. El hecho de que el papado estuviera inmerso en una poderosa lucha con el emperador alem√°n, Enrique IV (la Controversia de las Investiduras), y que la convocatoria de la cruzada mejorara la posici√≥n del papa, era una oportunidad demasiado buena para que Urbano la desaprovechara.

La chispa de esta yesca seca provino de otra fuerza cristiana: el Imperio Bizantino. El emperador Alejo I tem√≠a el avance de los turcos sely√ļcidas hacia su capital, Constantinopla. Los bizantinos eran cristianos ortodoxos griegos pero, desde 1054, estaban en estado de cisma con la Iglesia cat√≥lica. La puesta en marcha de la cruzada ofrec√≠a a Urbano la oportunidad de acercarse a los ortodoxos y sanar la ruptura.

La reacci√≥n al llamamiento de Urbano fue asombrosa y la noticia de la expedici√≥n se extendi√≥ por gran parte del Occidente latino. Miles de personas vieron en ella un nuevo camino para alcanzar la salvaci√≥n y evitar las consecuencias de sus vidas pecaminosas. Sin embargo, las aspiraciones de honor, aventura, ganancia financiera y, para un n√ļmero muy peque√Īo, tierra (en el caso, la mayor√≠a de los primeros cruzados regresaron a casa despu√©s de la expedici√≥n) bien pueden haber figurado tambi√©n. Mientras que los eclesi√°sticos desaprobaban los motivos mundanos porque cre√≠an que tales objetivos pecaminosos provocar√≠an el desagrado de Dios, muchos laicos no ten√≠an mucha dificultad en acomodarlos junto a su religiosidad. As√≠, Esteban de Blois, uno de los hombres m√°s veteranos de la campa√Īa, pudo escribir a su esposa, Adela de Blois (hija de Guillermo el Conquistador), que hab√≠a recibido valiosos regalos y honores del emperador y que ahora ten√≠a el doble de oro, plata y otras riquezas que cuando sali√≥ de Occidente. Personas de todos los rangos sociales (excepto los reyes) se unieron a la Primera Cruzada, aunque una avalancha inicial de fan√°ticos indisciplinados desencaden√≥ un espantoso brote de antisemitismo, especialmente en Renania, ya que pretend√≠an financiar su expedici√≥n con dinero jud√≠o y atacar a un grupo percibido como enemigo de Cristo en sus propias tierras. Estos contingentes, conocidos como la ¬ęCruzada de los Pueblos¬Ľ, causaron verdaderos problemas fuera de Constantinopla, antes de que Alejo los hiciera pasar por el B√≥sforo y entrar en Asia Menor, donde los turcos sely√ļcidas los destruyeron.

Dirigidos por una serie de altos nobles, los principales ej√©rcitos se reunieron en Constantinopla durante 1096. Alejo no esperaba que un n√ļmero tan elevado de occidentales apareciera a sus puertas, pero vio la oportunidad de recuperar las tierras perdidas a manos de los turcos. Dada la necesidad de alimentos y transporte de los cruzados, el emperador llevaba la delantera en esta relaci√≥n, aunque esto no quiere decir que no fuera cauto a la hora de tratar con los reci√©n llegados, sobre todo tras los problemas causados por la Cruzada de los Pueblos y el hecho de que los principales ej√©rcitos inclu√≠an un gran contingente normando siciliano, un grupo que hab√≠a invadido tierras bizantinas ya en 1081. V√©ase Peter Frankopan. La mayor√≠a de los l√≠deres de la cruzada prestaron juramento a Alejo, prometiendo entregarle las tierras que antes pose√≠an los bizantinos a cambio de suministros, gu√≠as y regalos de lujo.

En junio de 1097, los cruzados y los griegos tomaron uno de los objetivos clave del emperador, la formidable ciudad amurallada de Nicea, a 120 millas de Constantinopla, aunque tras la victoria algunos escritores informaron del descontento franco por el reparto del botín. Los cruzados se dirigieron hacia el interior, atravesando la llanura de Anatolia. Un gran ejército turco atacó a las tropas de Bohemundo de Tarento cerca de Dorylaeum. Los cruzados marchaban en contingentes separados, lo que, sumado a las tácticas desconocidas de ataques rápidos por parte de los arqueros a caballo, estuvo a punto de llevarlos a la derrota, hasta que la llegada de las fuerzas de Raimundo de Tolosa y Godofredo de Bouillon salvó la situación. Esta dura victoria resultó ser una lección inestimable para los cristianos y, a medida que avanzaba la expedición, la cohesión militar del ejército cruzado crecía y crecía, convirtiéndose en una fuerza cada vez más eficaz.

En los meses siguientes, el ejército, bajo el mando del conde Balduino de Boulogne, atravesó Asia Menor, con algunos contingentes que tomaron las ciudades cilicias de Tarso y Mamistra, y otros que se dirigieron a través de Capadocia hacia las tierras cristianas orientales de Edesa (la bíblica Rohais), donde la población, mayoritariamente armenia, acogió a los cruzados. El conflicto político local permitió a Balduino hacerse con el poder y así, en 1098, surgió el primer llamado Estado de las Cruzadas, el Condado de Edesa.

Para entonces, el grueso del ej√©rcito hab√≠a llegado a Antioqu√≠a, hoy en d√≠a justo en la frontera sur de Turqu√≠a con Siria. Esta enorme ciudad hab√≠a sido un asentamiento romano; para los cristianos era importante por ser el lugar donde hab√≠an vivido los santos Pedro y Pablo y por ser una de las cinco sedes patriarcales de la Iglesia cristiana. Tambi√©n era importante para los bizantinos, ya que hab√≠a sido una ciudad importante de su imperio hasta 1084. El lugar era demasiado grande para rodearlo adecuadamente, pero los cruzados hicieron todo lo posible por someterlo. Durante el invierno de 1097 las condiciones se volvieron extremadamente duras, aunque la llegada de una flota genovesa en la primavera de 1098 supuso un apoyo √ļtil. El estancamiento s√≥lo termin√≥ cuando Bohemundo convenci√≥ a un cristiano local para que traicionara una de las torres y el 3 de junio de 1098 los cruzados irrumpieron en la ciudad y la capturaron. Sin embargo, su victoria no fue completa, ya que la ciudadela, que se alzaba sobre el lugar, permaneci√≥ en manos de los musulmanes, un problema agravado por la noticia de que un gran ej√©rcito musulm√°n de socorro se acercaba desde Mosul. La falta de alimentos y la p√©rdida de la mayor√≠a de sus caballos (esenciales para los caballeros, por supuesto) hicieron que la moral estuviera por los suelos. El conde Esteban de Blois, una de las figuras m√°s importantes de la cruzada, junto con algunos otros hombres, hab√≠a desertado recientemente, creyendo que la expedici√≥n estaba condenada.

Se encontraron con el emperador Alejo, que tra√≠a refuerzos largamente esperados, y le dijeron que la cruzada era una causa in√ļtil. As√≠, de buena fe, el gobernante griego dio marcha atr√°s. En Antioqu√≠a, mientras tanto, los cruzados se hab√≠an inspirado en el ¬ędescubrimiento¬Ľ de una reliquia de la Santa Lanza, la lanza que hab√≠a atravesado el costado de Cristo cuando estaba en la cruz. Una visi√≥n indic√≥ a un cl√©rigo de Raimundo del ej√©rcito de San Gilles d√≥nde cavar y, efectivamente, all√≠ se encontr√≥ el objeto. Algunos consideraron este hecho como un toque conveniente y un impulso demasiado f√°cil para la posici√≥n del contingente provenzal, pero para las masas actu√≥ como una inspiraci√≥n vital. Un par de semanas m√°s tarde, el 28 de junio de 1098, los cruzados reunieron sus √ļltimos cientos de caballos, se dispusieron en sus ya conocidas l√≠neas de batalla y cargaron contra las fuerzas musulmanas. Los escritores informaron de la ayuda de santos guerreros en el cielo, los cruzados triunfaron y la ciudadela se rindi√≥, dej√°ndoles el control total de Antioqu√≠a antes de que llegara el ej√©rcito de socorro musulm√°n.

Tras la victoria, muchos de los cristianos exhaustos sucumbieron a las enfermedades, incluido Adh√©mar de Le Puy, el legado papal y l√≠der espiritual de la campa√Īa. Los cruzados m√°s veteranos estaban muy divididos. Bohemundo quer√≠a quedarse y consolidar su dominio sobre Antioqu√≠a, argumentando que como Alejo no hab√≠a cumplido su parte del trato, su juramento a los griegos era nulo y la conquista segu√≠a siendo suya. El grueso de los cruzados despreci√≥ esta disputa pol√≠tica porque quer√≠an llegar a la tumba de Cristo en Jerusal√©n y obligaron al ej√©rcito a dirigirse hacia el sur. En el camino, evitaron los grandes enfrentamientos haciendo tratos con pueblos y ciudades individuales y llegaron a Jerusal√©n en junio de 1099. John France relata la toma de la ciudad en su art√≠culo de 1997.

Las fuerzas se concentraron al norte y al sur de la ciudad amurallada y el 15 de julio de 1099 las tropas de Godofredo de Bouillon consiguieron acercar sus torres de asedio a las murallas lo suficiente como para atravesarlas. Sus correligionarios irrumpieron en la ciudad y durante los d√≠as siguientes el lugar fue pasado a cuchillo en un arrebato de limpieza religiosa y de liberaci√≥n de la tensi√≥n tras a√Īos de marcha. Una terrible masacre vio c√≥mo muchos de los defensores musulmanes y jud√≠os de la ciudad eran masacrados, aunque la frase tan repetida de ¬ęvaciar de sangre hasta las rodillas¬Ľ es una exageraci√≥n, ya que es una l√≠nea del libro apocal√≠ptico del Apocalipsis (14:20) utilizada para transmitir una impresi√≥n de la escena m√°s que una descripci√≥n real, una imposibilidad f√≠sica. Los cruzados agradecieron emocionados su √©xito al llegar a su meta, la tumba de Cristo en el Santo Sepulcro.

Su victoria a√ļn no estaba asegurada. El visir de Egipto hab√≠a visto el avance de los cruzados con una mezcla de emociones. Como guardi√°n del califato chi√≠ en El Cairo, sent√≠a una profunda aversi√≥n por los musulmanes sun√≠es de Siria, pero tampoco quer√≠a que una nueva potencia se estableciera en la regi√≥n. Sus fuerzas se enfrentaron a los cruzados cerca de Ascal√≥n en agosto de 1099 y, a pesar de su inferioridad num√©rica, los cristianos triunfaron y se hicieron con un importante bot√≠n. Para entonces, una vez alcanzados sus objetivos, la gran mayor√≠a de los cruzados, agotados, estaban deseando volver a sus hogares y familias. Algunos, por supuesto, optaron por permanecer en el Levante, decididos a custodiar el patrimonio de Cristo y a establecer se√Īor√≠os y posesiones para s√≠ mismos. Fulcher de Chartres, un contempor√°neo en el Levante, se lamentaba de que s√≥lo 300 caballeros permanecieran en el reino de Jerusal√©n; un n√ļmero √≠nfimo para establecer un dominio permanente en la tierra.

Sin embargo, a lo largo de la década siguiente, ayudados por la falta de oposición real de los musulmanes locales e impulsados por la llegada de una serie de flotas procedentes de Occidente, los cristianos comenzaron a hacerse con el control de toda la costa y a crear una serie de estados viables. El apoyo de las ciudades comerciales italianas de Venecia, Pisa y, sobre todo en esta primera etapa, Génova, fue crucial. Los motivos de los italianos se han cuestionado a menudo, pero hay pruebas convincentes que demuestran que estaban tan interesados como cualquier otro contemporáneo en capturar Jerusalén, aunque como centros comerciales estaban decididos a promover también la causa de su ciudad natal. Los escritos de Caffaro de Génova, una rara fuente secular de este periodo, muestran poca dificultad para asimilar estos motivos. Peregrinó al río Jordán, asistió a las ceremonias de Pascua en el Santo Sepulcro y celebró la adquisición de riquezas. Los marineros y las tropas italianas ayudaron a capturar los puertos costeros vitales (como Acre, Cesarea y Jaffa), a cambio de lo cual se les concedieron generosos privilegios comerciales que, a su vez, dieron un impulso vital a la economía, ya que los italianos transportaban mercancías del interior musulmán (especialmente especias) de vuelta a Occidente.

Igual de importante era su papel en el transporte de peregrinos hacia y desde Tierra Santa. Ahora que los lugares santos estaban en manos de los cristianos, muchos miles de occidentales podían visitarlos y, al quedar bajo control latino, las comunidades religiosas florecieron. De este modo, se cumplió el fundamento básico de las Cruzadas. Hay razones de peso para afirmar que los estados cruzados no podrían haberse mantenido si no fuera por la contribución de los italianos.

Un efecto secundario interesante de la Primera Cruzada (y un asunto de inmenso inter√©s para los estudiosos de hoy en d√≠a) es el estallido sin precedentes de la escritura hist√≥rica que surgi√≥ tras la toma de Jerusal√©n. Este asombroso episodio inspir√≥ a los autores de todo el Occidente cristiano a escribir sobre estos acontecimientos como no lo hab√≠a hecho nada en la historia medieval anterior. Ya no ten√≠an que remontarse a los h√©roes de la antig√ľedad, porque su propia generaci√≥n hab√≠a proporcionado hombres de renombre comparable. Esta era una √©poca de creciente alfabetizaci√≥n y la creaci√≥n y circulaci√≥n de textos sobre las cruzadas fue una parte importante de este movimiento. Numerosas historias, adem√°s de relatos orales, a menudo en forma de Chansons de geste, populares en el primer florecimiento de la era caballeresca, celebraron la Primera Cruzada. Los historiadores se han fijado anteriormente en estas narraciones para construir el marco de los acontecimientos, pero ahora muchos estudiosos est√°n mirando detr√°s de estos textos para considerar m√°s profundamente las razones por las que fueron escritos, los diferentes estilos de escritura, el uso de motivos cl√°sicos y b√≠blicos, las interrelaciones y los pr√©stamos entre los textos.

Otro aspecto al que se presta cada vez m√°s atenci√≥n es la reacci√≥n del mundo musulm√°n. Est√° claro que, cuando lleg√≥ la Primera Cruzada, los musulmanes de Oriente Pr√≥ximo estaban muy divididos, no s√≥lo por la l√≠nea divisoria entre sun√≠es y chi√≠es, sino tambi√©n, en el caso de los primeros, entre ellos mismos. Robert Irwin llama la atenci√≥n sobre esto en su art√≠culo de 1997, adem√°s de considerar el impacto de la cruzada en los musulmanes de la regi√≥n. Fue una afortunada coincidencia que, a mediados de la d√©cada de 1090, la muerte de los principales l√≠deres del mundo sely√ļcida hiciera que los cruzados se encontraran con oponentes preocupados principalmente por sus propias luchas pol√≠ticas internas, en lugar de ver la amenaza del exterior. Dado que la Primera Cruzada fue, evidentemente, un acontecimiento novedoso, esto era comprensible. La falta de esp√≠ritu de yihad tambi√©n era evidente, como lament√≥ as-Sulami, un predicador damasceno cuya exhortaci√≥n a las clases dirigentes para que se unieran y cumplieran con su deber religioso fue ampliamente ignorada hasta la √©poca de Nur ad-Din (1146-74) y Saladino en adelante.

Los colonos francos tuvieron que integrarse en la compleja mezcla cultural y religiosa de Oriente Pr√≥ximo. Su n√ļmero era tan escaso que, una vez capturados los lugares, tuvieron que adaptar r√°pidamente su comportamiento, pasando de la ret√≥rica militante de guerra santa del papa Urbano II a una postura m√°s pragm√°tica de relativa tolerancia religiosa, con treguas e incluso alianzas ocasionales con diversos vecinos musulmanes. Si hubieran oprimido a la mayor√≠a de la poblaci√≥n local (y muchos musulmanes y cristianos orientales viv√≠an bajo el dominio franco), no habr√≠a habido nadie que cultivara las tierras o que cobrara impuestos y su econom√≠a simplemente se habr√≠a hundido. Los recientes trabajos arqueol√≥gicos del estudioso israel√≠ Ronnie Ellenblum han demostrado que los francos no viv√≠an, como se cre√≠a, √ļnicamente en las ciudades, separados de la poblaci√≥n local. Las comunidades cristianas locales a menudo exist√≠an junto a ellos, a veces incluso compartiendo iglesias.

Los estados francos de Edesa, Antioqu√≠a, Tr√≠poli y Jerusal√©n se establecieron en el complejo paisaje religioso, pol√≠tico y cultural de Oriente Pr√≥ximo. Uno de los primeros gobernantes de Jerusal√©n se hab√≠a casado con un miembro de la nobleza cristiana armenia nativa, por lo que la reina Melisenda (1131-52) ten√≠a un gran inter√©s en apoyar tanto a los ind√≠genas como a la Iglesia latina. Las peculiaridades de la gen√©tica, unidas a una alta tasa de mortalidad entre los gobernantes masculinos, hicieron que las mujeres ejercieran un poder mayor del que se supon√≠a, dado el entorno b√©lico del Oriente Latino y las actitudes religiosas imperantes hacia las mujeres como d√©biles tentadoras. A√ļn as√≠, se necesitaba una personalidad fuerte para sobrevivir y, en el caso de Melisenda, as√≠ fue ciertamente, como relata Simon Sebag Montefiore en un art√≠culo de 2011, que tambi√©n da una idea de la ciudad de Jerusal√©n durante el siglo XII, as√≠ como algunas opiniones musulmanas contempor√°neas sobre los colonos cristianos.

Los francos siempre tuvieron poca mano de obra, pero fueron un grupo din√°mico que desarroll√≥ instituciones innovadoras, como las √ďrdenes Militares, para sobrevivir. Las √ďrdenes se fundaron para ayudar a cuidar a los peregrinos; en el caso de los Hospitalarios, mediante la asistencia sanitaria; en el de los Templarios, para vigilar a los visitantes en el camino hacia el r√≠o Jord√°n.

Pronto ambas se convirtieron en instituciones religiosas de pleno derecho, cuyos miembros hac√≠an los votos mon√°sticos de pobreza, castidad y obediencia. El concepto fue muy popular y las donaciones de peregrinos admiradores y agradecidos hicieron que las √ďrdenes Militares desarrollaran un papel importante como propietarios de tierras, como custodios de castillos y como el primer ej√©rcito permanente real de la cristiandad. Eran independientes del control de los gobernantes locales y, en ocasiones, pod√≠an causar problemas al rey o re√Īir entre s√≠. Los templarios y los hospitalarios tambi√©n pose√≠an enormes extensiones de tierra en toda Europa occidental, lo que proporcionaba ingresos para la maquinaria de lucha en Levante, especialmente para la construcci√≥n de los castillos que se convirtieron en algo tan vital para el dominio cristiano en la regi√≥n.

Segunda Cruzada

En diciembre de 1144, Zengi, el gobernante musulm√°n de Alepo y Mosul, captur√≥ Edesa, lo que supuso el primer gran rev√©s territorial para los francos de Oriente Pr√≥ximo. La noticia de este desastre llev√≥ al Papa Eugenio III a hacer un llamamiento a la Segunda Cruzada (1145-49). Fortalecidos por este poderoso llamamiento a estar a la altura de las haza√Īas de sus primeros antepasados cruzados, junto con la inspiradora ret√≥rica de (San) Bernardo de Claraval, los gobernantes de Francia y Alemania tomaron la cruz para marcar el inicio de la participaci√≥n real en las Cruzadas. Los gobernantes cristianos de Iberia se unieron a los genoveses para atacar las ciudades de Almer√≠a en el sur de Espa√Īa (1147) y Tortosa en el noreste (1148); asimismo, los nobles del norte de Alemania y los gobernantes de Dinamarca lanzaron una expedici√≥n contra los wends paganos de la costa del B√°ltico en torno a Stettin. Aunque no se trataba de un gran plan del Papa Eugenio, sino de una reacci√≥n a los llamamientos que se le enviaron, muestra la confianza en las cruzadas en esta √©poca. En realidad, este optimismo result√≥ profundamente infundado. Un grupo de cruzados anglonormandos, flamencos y renanos captur√≥ Lisboa en 1147 y las otras campa√Īas ib√©ricas tambi√©n tuvieron √©xito, pero la campa√Īa del B√°ltico no consigui√≥ pr√°cticamente nada y la expedici√≥n m√°s prestigiosa de todas, la de Tierra Santa, fue un desastre, como explica Jonathan Phillips en su art√≠culo de 2007. Los dos ej√©rcitos carec√≠an de disciplina, suministros y finanzas, y ambos fueron muy maltratados por los turcos sely√ļcidas cuando atravesaban Asia Menor. Luego, junto con los colonos latinos, los cruzados sitiaron la ciudad musulmana m√°s importante de Siria, Damasco. Sin embargo, tras s√≥lo cuatro d√≠as, el temor a las fuerzas de socorro dirigidas por el hijo de Zengi, Nur ad-Din, provoc√≥ una ignominiosa retirada. Los cruzados culparon a los francos de Oriente Pr√≥ximo de este fracaso, acus√°ndoles de haber aceptado un pago para retirarse. Sea cual sea la verdad, la derrota en Damasco perjudic√≥ sin duda el entusiasmo de las cruzadas en Occidente, y durante las tres d√©cadas siguientes, a pesar de las peticiones de ayuda cada vez m√°s elaboradas y fren√©ticas, no hubo ninguna cruzada importante a Tierra Santa.

Sin embargo, considerar que los francos estaban totalmente debilitados ser√≠a un grave error. En 1153 capturaron Ascal√≥n para completar su control de la costa levantina, un avance importante para la seguridad del comercio y el tr√°fico de peregrinos en cuanto a la reducci√≥n del acoso de la navegaci√≥n musulmana. Sin embargo, al a√Īo siguiente, Nur ad-Din se hizo con el poder en Damasco, siendo la primera vez que las ciudades se un√≠an a Alepo bajo el gobierno de un mismo hombre durante el periodo de las cruzadas, algo que aument√≥ enormemente la amenaza para los francos. La considerable piedad personal de Nur ad-Din, su fomento de las madrasas (escuelas de ense√Īanza) y la composici√≥n de poes√≠as y textos de la yihad que ensalzaban las virtudes de Jerusal√©n crearon un v√≠nculo entre las clases religiosas y gobernantes que hab√≠a brillado por su ausencia desde la llegada de los cruzados a Oriente. Durante la d√©cada de 1160, Nur ad-Din, actuando como palad√≠n de la ortodoxia sun√≠, se hizo con el control del Egipto chi√≠, aumentando dr√°sticamente la presi√≥n estrat√©gica sobre los francos y aumentando al mismo tiempo los recursos financieros a su disposici√≥n gracias a la fertilidad del delta del Nilo y al vital puerto de Alejandr√≠a.

Este periodo de la historia del Oriente latino es relatado con detalle por el historiador m√°s importante de la √©poca, Guillermo, arzobispo de Tiro, como describe Peter Edbury. Guillermo era un hombre inmensamente culto, que pronto se vio envuelto en las amargas luchas pol√≠ticas de finales de los a√Īos 1170 y 1180, durante el reinado de la tr√°gica figura del rey Balduino IV (1174-85), un joven aquejado de lepra. La necesidad de establecer su sucesor dio pie a que surgieran facciones rivales y a que los francos gastaran gran parte de su energ√≠a en discutir entre ellos. Esto no quiere decir que no fueran capaces de infligir graves da√Īos al ambicioso sucesor de Nur ad-Din, Saladino, que desde su base en Egipto, esperaba usurpar la dinast√≠a de su antiguo maestro, unir el Cercano Oriente musulm√°n y expulsar a los francos de Jerusal√©n.

Norman Housely relata con maestr√≠a este periodo en su art√≠culo de 1987. En 1177, sin embargo, los francos triunfaron en la batalla de Montgisard, una victoria de la que se inform√≥ ampliamente en Europa occidental y que no sirvi√≥ para convencer a la gente de la necesidad real de ayuda de los colonos. La construcci√≥n en 1178 y 1179 del gran castillo del Vado de Jacobo, a s√≥lo un d√≠a de viaje desde Damasco, fue otro gesto agresivo que exigi√≥ que Saladino destruyera el lugar. Sin embargo, en 1187 el sult√°n hab√≠a reunido una amplia, pero fr√°gil, coalici√≥n de guerreros de Egipto, Siria e Irak que fue suficiente para llevar a los francos al campo de batalla e infligirles una terrible derrota en Hattin el 4 de julio. En pocos meses, Jerusal√©n cay√≥ y Saladino hab√≠a recuperado la tercera ciudad m√°s importante del Islam, despu√©s de La Meca y Medina, un logro que a√ļn resuena a lo largo de los siglos.

Tercera Cruzada

La noticia de la calamitosa ca√≠da de Jerusal√©n provoc√≥ dolor e indignaci√≥n en Occidente. Se dice que el Papa Urbano III muri√≥ de un ataque al coraz√≥n ante la noticia y su sucesor, Gregorio VIII, lanz√≥ un emotivo llamamiento a la cruzada y los gobernantes de Europa comenzaron a organizar sus fuerzas. El ej√©rcito alem√°n de Federico Barbarroja derrot√≥ con √©xito a los turcos sely√ļcidas en Asia Menor, pero el emperador se ahog√≥ al cruzar un r√≠o en el sur de Turqu√≠a. Poco despu√©s, muchos de los alemanes murieron por enfermedad y Saladino se libr√≥ de enfrentarse a este formidable enemigo. Los francos en el Levante hab√≠an logrado aferrarse a la ciudad de Tiro y luego sitiaron el puerto m√°s importante de la costa, Acre. Esto proporcion√≥ un objetivo para las fuerzas occidentales y fue aqu√≠, en el verano de 1190, donde Felipe Augusto y Ricardo Coraz√≥n de Le√≥n desembarcaron. El asedio hab√≠a durado casi dos a√Īos y la llegada de los dos reyes occidentales y sus tropas dio a los cristianos el impulso que necesitaban. La ciudad se rindi√≥ y el prestigio de Saladino qued√≥ muy mermado. Felipe regres√≥ pronto a su pa√≠s y, aunque Ricardo hizo dos intentos de marchar sobre Jerusal√©n, los temores sobre sus perspectivas a largo plazo tras su marcha hicieron que la ciudad santa permaneciera en manos musulmanas. As√≠, la Tercera Cruzada fracas√≥ en su objetivo final, aunque al menos permiti√≥ a los francos recuperar una franja de tierras a lo largo de la costa que sirviera de trampol√≠n para futuras expediciones. Por su parte, Saladino hab√≠a sufrido una serie de reveses militares, pero, sobre todo, hab√≠a conservado Jerusal√©n para el Islam.

El pontificado de Inocencio III (1198-1216) supuso otra fase de expansi√≥n de las cruzadas. Las campa√Īas en el B√°ltico avanzaron a√ļn m√°s y la guerra santa en Iberia tambi√©n dio un paso adelante. En 1195, los musulmanes hab√≠an aplastado a las fuerzas cristianas en la batalla de Alarcos, que, tan poco despu√©s del desastre de Hattin, parec√≠a mostrar el profundo disgusto de Dios con su pueblo. Sin embargo, en 1212, los gobernantes de Iberia consiguieron unirse para derrotar a los musulmanes en la batalla de las Navas de Tolosa y sellar un paso importante en la recuperaci√≥n de la pen√≠nsula. No obstante, la particularidad cultural, pol√≠tica y religiosa de la regi√≥n hace que sea err√≥neo, como en Tierra Santa, caracterizar las relaciones entre los grupos religiosos como una guerra constante, una situaci√≥n esbozada por Robert Burns y Paul Chevedden. En el sur de Francia, mientras tanto, los esfuerzos para frenar la herej√≠a c√°tara hab√≠an fracasado y, en un intento de derrotar esta siniestra amenaza para la Iglesia en su propio patio, Inocencio autoriz√≥ una cruzada a la zona. V√©ase el art√≠culo de Richard Cavendish. El catarismo era una fe dualista, aunque con algunos v√≠nculos con la pr√°ctica cristiana dominante, pero tambi√©n ten√≠a su propia jerarqu√≠a y pretend√≠a sustituir a la √©lite existente. Los cruzados, liderados por Sim√≥n de Monfort, intentaron expulsar a los c√°taros durante a√Īos de guerra, pero su arraigo en la sociedad del sur de Francia les hizo perdurar y s√≥lo las t√©cnicas m√°s penetrantes de la Inquisici√≥n, iniciadas en la d√©cada de 1240, lograron lo que la fuerza no hab√≠a conseguido.

Cuarta cruzada

El episodio m√°s infame de la √©poca fue la Cuarta Cruzada (1202-04), en la que otro esfuerzo por recuperar Jerusal√©n acab√≥ saqueando Constantinopla, la mayor ciudad cristiana del mundo. Jonathan Phillips describe este episodio. Las razones fueron una combinaci√≥n de tensiones de larga data entre la Iglesia latina (cat√≥lica) y la ortodoxa griega; la necesidad de los cruzados de cumplir los t√©rminos de un contrato demasiado optimista para el transporte al Levante con los venecianos y la oferta de pagar esto por un reclamante del trono bizantino. Esta combinaci√≥n de circunstancias llev√≥ a los cruzados a las murallas de Constantinopla y, cuando su joven candidato fue asesinado y los lugare√Īos se volvieron definitivamente contra ellos, atacaron y asaltaron la ciudad. Al principio, Inocencio se alegr√≥ de que Constantinopla estuviera bajo la autoridad latina, pero al enterarse de la violencia y el saqueo que hab√≠an acompa√Īado a la conquista se horroriz√≥ y castig√≥ a los cruzados por ¬ęla perversi√≥n de su peregrinaci√≥n¬Ľ.

Una consecuencia de 1204 fue la creación de una serie de Estados francos en Grecia que, con el tiempo, también necesitaron apoyo. Así, en el transcurso del siglo XIII, se predicaron cruzadas contra estos cristianos, aunque en 1261 la propia Constantinopla estaba de nuevo en manos griegas.

A pesar de esta serie de desastres, es interesante ver que las cruzadas siguieron siendo un concepto atractivo, algo que se puso de manifiesto en la casi legendaria Cruzada de los Ni√Īos de 1212. Inspirados por visiones divinas, dos grupos de j√≥venes campesinos (mejor descritos como j√≥venes, m√°s que como ni√Īos) se reunieron en torno a Colonia y cerca de Chartres, en la creencia de que su pureza garantizar√≠a la aprobaci√≥n divina y les permitir√≠a recuperar Tierra Santa. El grupo alem√°n cruz√≥ los Alpes y algunos llegaron al puerto de G√©nova, donde la dura realidad de no tener dinero ni esperanza real de conseguir nada se hizo patente cuando se les neg√≥ el paso a Oriente y toda la empresa se vino abajo.

Quinta Cruzada

As√≠, los primeros a√Īos del siglo XIII se caracterizaron por la diversidad de las cruzadas. La guerra santa demostr√≥ ser un concepto flexible y adaptable que permiti√≥ a la Iglesia dirigir la fuerza contra sus enemigos en muchos frentes. La l√≥gica de las cruzadas, como acto defensivo para proteger a los cristianos, pod√≠a refinarse para aplicarse espec√≠ficamente a la Iglesia cat√≥lica, y as√≠, cuando el papado entr√≥ en conflicto con el emperador Federico II por el control del sur de Italia, acab√≥ convocando una cruzada contra √©l. Federico ya hab√≠a sido excomulgado por no cumplir sus promesas de participar en la Quinta Cruzada. Esta expedici√≥n hab√≠a logrado la intenci√≥n original de la Cuarta Cruzada invadiendo Egipto, pero se empantan√≥ en las afueras del puerto de Damieta antes de que se hundiera un intento mal ejecutado de marchar sobre El Cairo. Los intentos de Federico por subsanar esta situaci√≥n se vieron frustrados por una aut√©ntica enfermedad, pero para entonces el papado ya hab√≠a perdido la paciencia con √©l. Recuperado, Federico se dirigi√≥ a Tierra Santa como rey de Jerusal√©n (por matrimonio con la heredera del trono), donde, iron√≠a de las iron√≠as, negoci√≥, como excomulgado, la restauraci√≥n pac√≠fica de Jerusal√©n a los cristianos. Sus habilidades diplom√°ticas (hablaba √°rabe), el peligro que supon√≠an sus considerables recursos, as√≠ como las divisiones en el mundo musulm√°n en las d√©cadas posteriores a la muerte de Saladino, le permitieron conseguirlo. Sigui√≥ un breve periodo de mejores relaciones entre el Papa y el emperador, pero en 1245 la curia lo calific√≥ de hereje y autoriz√≥ la predicaci√≥n de una cruzada contra √©l.

Aparte de la pl√©tora de expediciones cruzadas que tuvieron lugar a lo largo de los siglos, debemos recordar tambi√©n que el lanzamiento de tales campa√Īas tuvo un profundo impacto en las tierras y pueblos de donde proced√≠an, algo de lo que se ocupa Christopher Tyerman. Las cruzadas requer√≠an un importante apoyo financiero y, con el paso del tiempo, surgieron impuestos nacionales para apoyar estos esfuerzos, as√≠ como esfuerzos para recaudar dinero dentro de la propia Iglesia. La ausencia de un gran n√ļmero de nobles y eclesi√°sticos de alto rango pod√≠a afectar al equilibrio pol√≠tico de una zona, con oportunidades para que las mujeres actuaran como regentes o para que vecinos sin escr√ļpulos desafiaran la legislaci√≥n eclesi√°stica e intentaran hacerse con las tierras de los cruzados ausentes. La muerte o desaparici√≥n de un cruzado, ya fuera una figura menor o un emperador, conllevaba obviamente una profunda tragedia personal para los que hab√≠an dejado atr√°s, pero tambi√©n pod√≠a precipitar la inestabilidad y el cambio.

El a√Īo anterior, Jerusal√©n hab√≠a vuelto a caer en manos de los musulmanes y esto fue el principal motivo de la que result√≥ ser la mayor expedici√≥n cruzada del siglo (conocida como la S√©ptima Cruzada), dirigida por el rey (m√°s tarde San) Luis IX de Francia. Simon Lloyd esboza la carrera cruzada de Luis. Bien financiada y cuidadosamente preparada, y con una temprana victoria en Damietta, esta campa√Īa parec√≠a estar lista s√≥lo para que una imprudente carga del hermano de Luis en la batalla de Mansourah debilitara las fuerzas de los cruzados. Esto, unido al endurecimiento de la resistencia musulmana, hizo que la expedici√≥n se detuviera y, hambrientos y enfermos, se vieran obligados a rendirse. Luis permaneci√≥ en Tierra Santa durante cuatro a√Īos m√°s -signo de su culpabilidad por el fracaso de la campa√Īa, pero tambi√©n de un compromiso notable para un monarca europeo al ausentarse de su hogar durante un total de seis a√Īos- intentando reforzar las defensas del reino latino. En esta √©poca, con los latinos confinados en gran medida en la franja costera, los colonos recurrieron cada vez m√°s a las fortificaciones masivas y fue durante el siglo XIII cuando tomaron forma poderosos castillos como el Krak des Chevaliers, Saphet y Chastel Pelerin, as√≠ como las inmensas fortificaciones urbanas de Acre.

A estas alturas, la situación política de Oriente Próximo estaba cambiando.

Los invasores mongoles a√Īadieron otra dimensi√≥n a la lucha, ya que conquistaron gran parte del mundo musulm√°n hacia el Este; tambi√©n hab√≠an amenazado brevemente a Europa Oriental con incursiones salvajes en 1240-41 (que tambi√©n provocaron un llamamiento a la cruzada). Los sucesores de Saladino fueron desplazados por los mamelucos, antiguos soldados esclavistas, cuya figura, el sult√°n Baibars, fue un feroz exponente de la guerra santa e hizo mucho para poner de rodillas a los estados cruzados durante las dos d√©cadas siguientes. James Waterson describe su avance. Las luchas internas entre la nobleza franca, complicadas por la participaci√≥n de las ciudades comerciales italianas y las √≥rdenes militares, sirvieron para debilitar a√ļn m√°s a los Estados latinos y, finalmente, en 1291, el sult√°n al-Ashraf irrumpi√≥ en la ciudad de Acre para acabar con el dominio cristiano en Tierra Santa.

Algunos historiadores sol√≠an considerar este hecho como el fin de las cruzadas, pero, como se ha se√Īalado anteriormente, desde la d√©cada de 1980 se reconoce ampliamente que no fue as√≠, sobre todo por la serie de planes realizados para intentar recuperar Tierra Santa durante el siglo XIV. En otros lugares, las cruzadas segu√≠an siendo una idea poderosa, sobre todo en el norte de Europa, donde los Caballeros Teut√≥nicos (fundados originalmente en Tierra Santa) hab√≠an trasladado sus intereses y donde hab√≠an creado lo que era efectivamente un estado aut√≥nomo. Sin embargo, a principios del siglo XV, sus enemigos en la regi√≥n empezaban a cristianizarse de todos modos y, por tanto, resultaba imposible justificar la continuaci√≥n del conflicto en t√©rminos de guerra santa. El √©xito de las Navas de Tolosa hab√≠a inmovilizado a los musulmanes en el sur de la pen√≠nsula ib√©rica, pero la reconquista no se complet√≥ hasta 1492, cuando Fernando e Isabel pusieron toda la fuerza de la corona espa√Īola sobre Granada. Los planes para recuperar Tierra Santa no se hab√≠an extinguido del todo y, con un esp√≠ritu de devoci√≥n religiosa, Crist√≥bal Col√≥n parti√≥ ese mismo a√Īo con la esperanza de encontrar una ruta hacia las Indias que le permitiera llegar a Jerusal√©n desde Oriente.

El siglo XIV comenzó con un gran drama: la detención y el encarcelamiento de los Caballeros Templarios acusados de herejía, una historia relatada por Helen Nicholson. La combinación de una observancia religiosa poco estricta y su incapacidad para proteger Tierra Santa les había hecho vulnerables. Esta incómoda situación, unida a que la corona francesa les debía enormes sumas de dinero (los templarios se habían convertido en una poderosa institución bancaria) hizo que el manipulador e implacable Felipe IV de Francia pudiera presionar al Papa Clemente V para que suprimiera la Orden en 1312 y se acabara con una de las grandes instituciones de la época medieval.

Las cruzadas dentro de la propia Europa tambi√©n hab√≠an seguido mutando. El papado hab√≠a emitido indulgencias cruzadas en muchas ocasiones durante sus propias luchas tanto contra enemigos pol√≠ticos como contra grupos her√©ticos como los husitas de Bohemia. Sin embargo, la principal amenaza para la cristiandad en esta √©poca eran los turcos otomanos, que, como relata Judith Herrin, capturaron Constantinopla en 1453. Se hicieron numerosos esfuerzos para reunir a los l√≠deres del Occidente latino, pero el creciente poder de los estados nacionales y sus conflictos cada vez m√°s arraigados, ejemplificados por la Guerra de los Cien A√Īos, significaron que hab√≠a poco apetito por el tipo de respuesta a nivel europeo que se hab√≠a visto en 1187, por ejemplo. Nigel Saul esboza en su art√≠culo este periodo de la historia de las cruzadas.

Algunas dinast√≠as, como la de los duques de Borgo√Īa, se entusiasmaron con la idea de las cruzadas y se llevaron a cabo un par de expediciones de tama√Īo razonable, aunque los borgo√Īones y los h√ļngaros fueron derrotados en Nic√≥polis (Bulgaria) en 1396. A mediados del siglo XV, los otomanos ya hab√≠an asediado Constantinopla en dos ocasiones y, en 1453, el sult√°n Mehmet II present√≥ un inmenso ej√©rcito para lograr su objetivo. Los llamamientos de √ļltima hora a Occidente no aportaron suficiente ayuda y la ciudad cay√≥ en mayo. El emperador Carlos V invoc√≥ el esp√≠ritu de las cruzadas en su defensa de Viena en 1529, aunque esta lucha se parec√≠a m√°s a una lucha imperial que a una guerra santa. Las cruzadas estaban casi agotadas; la gente se hab√≠a vuelto cada vez m√°s c√≠nica respecto a la venta de indulgencias por parte de la Iglesia. El avance de la Reforma fue otro golpe evidente para la idea, ya que las cruzadas se consideraban un recurso manipulador y lucrativo de la Iglesia cat√≥lica. A finales del siglo XVI se pod√≠an ver los √ļltimos vestigios reales del movimiento; la Armada Espa√Īola de 1588 se benefici√≥ de las indulgencias de las cruzadas, mientras que los Caballeros Hospitalarios, que hab√≠an gobernado por primera vez Rodas desde 1306 hasta 1522 antes de establecer su base en Malta, inspiraron una notable victoria sobre una flota otomana en la batalla de Lepanto en 1571. Jonathan Riley-Smith relata la historia de los caballeros. Los Hospitalarios de Malta tambi√©n sobrevivieron a un enorme asedio turco en 1480 y su existencia sirvi√≥ como reliquia duradera del conflicto cruzado original hasta que Napole√≥n Bonaparte extingui√≥ su dominio de la isla en 1798.

Las Cruzadas sobrevivieron en la memoria y la imaginaci√≥n de los pueblos de Europa occidental y Oriente Medio. En la primera, recobr√≥ protagonismo a trav√©s de la literatura rom√°ntica de escritores como Sir Walter Scott y, a medida que las tierras de Oriente Medio ca√≠an en manos de los imperios imperialistas de la √©poca, los franceses, en particular, optaron por establecer v√≠nculos con su pasado cruzado. La palabra se convirti√≥ en una abreviatura de una causa con derecho moral, ya sea en un contexto no militar, como una cruzada contra la bebida, o en los horrores de la Primera Guerra Mundial. Los lazos del general Franco con la Iglesia cat√≥lica en Espa√Īa invocaron la ideolog√≠a de las cruzadas en la que quiz√° sea la encarnaci√≥n moderna m√°s cercana de la idea, y sigue siendo una palabra de uso com√ļn en la actualidad.

En el mundo musulmán, el recuerdo de las Cruzadas se desvaneció, aunque no desapareció, y Saladino continuó siendo una figura que se presentaba como ejemplo de gran gobernante. En el contexto del siglo XIX, la invocación del pasado por parte de los europeos se basó en esta memoria existente y supuso que la imagen de occidentales hostiles y agresivos que pretendían conquistar tierras musulmanas o árabes se convirtiera en algo extremadamente potente tanto para los islamistas como para los líderes nacionalistas árabes, y Saladino, como el hombre que reconquistó Jerusalén, se erige como el hombre al que aspirar.

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