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Las obras maestras del budismo han permanecido ocultas durante siglos en estas cuevas indias

Cortadas en un acantilado hace casi mil a帽os, las cuevas de Ajanta, en la India, albergan espacios sagrados budistas adornados con vibrantes obras de arte antiguo.

A lo largo de un acantilado en forma de herradura sobre el r铆o Waghora, en el centro de la India, un grupo de soldados brit谩nicos parti贸 en 1819 con la esperanza de cazar un tigre. Su grupo de cazadores tropez贸 con algo sorprendente: una red de cuevas artificiales cortadas de forma ingeniosa y espectacular en la roca. La belleza del trabajo en piedra era s贸lo un indicio de lo que aguardaba en el interior de esas salas de piedra.

Los interiores de las cuevas, hogar de murci茅lagos y familiares para las tribus locales, pero desconocidos para el resto del mundo durante aproximadamente 14 siglos, revelaban una colecci贸n de arte religioso singularmente asombrosa. Los inmensos murales, las esculturas talladas en la roca, los santuarios (stupas), los monasterios, las salas de oraci贸n y las inscripciones creadas a lo largo de los siglos ejemplifican las obras maestras del arte budista primitivo y los logros creativos de la India cl谩sica bajo la influyente dinast铆a Gupta. Sin embargo, sorprendentemente, s贸lo unos pocos residentes locales conoc铆an su majestuoso esplendor.

Or铆genes geol贸gicos

Hace unos 66 millones de a帽os, cien mil o m谩s a帽os antes del llamado impacto de Chicxulub (la colisi贸n de asteroides a la que se atribuye la extinci贸n de los dinosaurios), una de las mayores erupciones volc谩nicas de la historia comenz贸 a inundar la meseta del Dec谩n de la India con unos 135.000 kil贸metros c煤bicos de lava. Cuando el polvo se asent贸 y la lava se enfri贸, toda la regi贸n qued贸 cubierta por una capa de basalto 铆gneo.

Muchas de las principales dinast铆as de la India surgieron en esta meseta. Sus grabados en roca e inscripciones ofrecen algunos de los mejores registros de estas primeras sociedades. Cerca de la antigua ciudad de Ajanta, unas 30 cuevas talladas por el hombre perforan el barrido de una oscura pared de roca bas谩ltica. Sus fachadas son inesperadamente grandiosas, con pinturas, pilares y estatuas que recuerdan a los templos esculpidos de la antigua ciudad de Petra en Jordania y a los frescos de Pompeya.

La fastuosidad del complejo de Ajanta refleja su patrocinio real. Aunque algunos de los templos rupestres datan de los siglos II y I a.C., la mayor铆a de ellos fueron tallados durante el reinado de un emperador vakataka llamado Harishena, que gobern贸 una amplia franja de la India central a mediados del siglo V d.C. En un momento dado, varios cientos de monjes viv铆an en las cuevas.

El periodo de Ajanta como centro religioso y art铆stico floreciente parece coincidir con el reinado de Harishena, que muri贸 en 478. En el siglo VII, el monasterio comenz贸 a vaciarse, las cuevas fueron abandonadas y las hermosas pinturas de Ajanta cayeron en la oscuridad. El budismo ir铆a desapareciendo poco a poco de la India, el pa铆s de su nacimiento; a finales del siglo XIII, sus lugares sagrados fueron destruidos o abandonados tras las invasiones de los ej茅rcitos musulmanes.

Esplendor mon谩stico

La mayor铆a de las cuevas de Ajanta fueron dise帽adas como salas de oraci贸n (chaityas) y viviendas (viharas). Cuentan con c谩maras centrales revestidas de columnas que se abren a un santuario en el que todav铆a se encuentra una estatua de Buda. A lo largo de los pasillos exteriores, las puertas se abren a las celdas de los monjes, desnudas salvo por las camas de piedra.

En su mayor parte, el ambiente arquitect贸nico es solemne y reverencial, pero las paredes est谩n adornadas con algo casi de otro mundo. Las cuevas m谩s elaboradas estaban dise帽adas para la iluminaci贸n, y muchas de sus paredes estaban cubiertas con pinturas inspiradoras.

S贸lo han sobrevivido a los siglos fragmentos de la mayor铆a de los murales. Quedan los suficientes para evocar la atm贸sfera sensual y espiritual que impregnaba estos templos. Toda la creaci贸n conocida parece haber desfilado por sus paredes. Hay im谩genes de Buda y de bodhisattvas, otros seres iluminados. Hay pr铆ncipes y princesas, comerciantes, mendigos, m煤sicos, sirvientes, amantes, soldados y hombres santos. Elefantes, monos, b煤falos, gansos, caballos e incluso hormigas se unen a la multitud humana. Los 谩rboles florecen, las flores de loto se abren, las lianas se enroscan y se extienden.

Uno de los murales m谩s encantadores representa la figura beat铆fica de un bodhisattva que representa la compasi贸n infinita, Padmapani (tambi茅n conocido como Avalokite 虂svara) sosteniendo un loto. Apareciendo cerca de la entrada de uno de los santuarios, Padmapani se erige en guardi谩n, ofreciendo una visi贸n de paz a todos los que entran.

Las estatuas de bodhisattvas dan la bienvenida a los visitantes de las cuevas, al igual que deb铆an dar la bienvenida a los peregrinos, monjes y comerciantes que pasaban por Ajanta durante su apogeo. En las paredes hay murales de intrincada composici贸n que cuentan historias, llamadas Jatakas, de las muchas vidas pasadas de Buda. Otras obras representan incidentes de la vida del Buda hist贸rico, Siddhartha Gautama, un pr铆ncipe indio que vivi贸 mil a帽os antes.

Las pinturas sirven como cl谩sicos ilustrados, al estilo del siglo V, destinados a despertar la devoci贸n y aumentar la conciencia espiritual a trav茅s del acto de ver. Para la mayor铆a de los visitantes de hoy en d铆a, los cuentos son arcanos y, sin embargo, la sensaci贸n de ver las im谩genes emerger de la oscuridad en toda su gracia y belleza enlaza entonces y ahora.

Esfuerzos de conservaci贸n

En los tiempos modernos, el mundo ha redescubierto lentamente el sublime poder de las pinturas. El fot贸grafo de National Geographic Volkmar Wentzel visit贸 Ajanta y la vecina Ellora en su viaje por la India de 1946 a 1947. Quer铆a fotografiar los frescos con la nueva pel铆cula en color Ektachrome, pero el calor era tan intenso que la emulsi贸n se derret铆a. Al final, Wentzel tuvo que enviarla con hielo desde 100 millas de distancia y utiliz贸 los recovecos sombr铆os de la cueva como su cuarto oscuro.

El complejo fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983, pero un intento desacertado de conservaci贸n por parte de dos conservacionistas italianos cubri贸 muchos murales con barniz y luego con laca, lo que distorsion贸 los colores. Rajdeo Singh, jefe de conservaci贸n del Servicio Arqueol贸gico de la India, lanz贸 una intensa campa帽a de conservaci贸n en 1999. El fot贸grafo y cineasta indio Benoy Behl lleva d茅cadas documentando las cuevas y sigue conmovido por la antigua composici贸n: 芦Nos muestra la parte divina de nosotros mismos禄.

A pesar de la belleza et茅rea de las pinturas de Ajanta, en su d铆a se consideraron un 芦destello en una sart茅n禄, un logro aislado y extraordinario. Estudios recientes han dejado claro que los esplendores de Ajanta surgieron de tendencias anteriores, y su influencia se extendi贸 a lo largo y ancho. Las fotograf铆as y las pel铆culas de Behl han documentado el modo en que las obras de arte de las cuevas se inscriben en tradiciones hel茅nicas, hind煤es y budistas m谩s amplias.

La evoluci贸n de la imaginer铆a sagrada aliment贸 el florecimiento art铆stico de Ajanta. En esta 茅poca, la figura de Buda alcanz贸 una forma humana idealizada y perfeccionada. Al principio, los artistas hab铆an recurrido a s铆mbolos -huellas, un 谩rbol, un trono vac铆o- para representar al Buda hist贸rico, pero los seguidores quer铆an un enfoque m谩s personal para su devoci贸n. La imagen inventada en el subcontinente indio en los primeros siglos de nuestra era, con los ojos bajos y una expresi贸n serena, se convirti贸 en el prototipo de las im谩genes budistas que se extendieron por toda Asia. Hoy sigue siendo el rostro indeleble de Buda.

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